viernes, 24 de febrero de 2012

Teruel


Cinco, cinco son los meses que llevo en esta gran ciudad llamada Madrid. Aún echo de menos aquellos días en los que iba al instituto y tardaba tan solo cinco minutos, aquellas mañanas heladas en los que al hablar salía vaho de mi boca y el frío congelaba mis huesos, las campanadas de la torre del Salvador que me levantaban. Echo de menos todos esos almuerzos en Muñoz y ese ruido que hacía el agua de la fuente del Torico. Esos paseos hacia en ensanche que me parecía que estaban muy lejos de mi casa, las meriendas en el Carrel en casa de mi tía y de mi abuela, las tardes interminables en la Glorieta, echo de menos mi tierra.

Atrás he dejado una vida tranquila para adentrarme en una ciudad donde la gente anda deprisa, el metro pasa, una hora para llegar a tu destino, taxis, gente y más gente.  Una ciudad llena de oportunidades, una ciudad  en la que el tiempo pasa rápidamente.

Poca gente queda en Teruel, todos se han ido a ciudades más grandes donde esperan que sus sueños se cumplan, donde les brindan más oportunidades de las que pueden encontrar en un ciudad tan pequeña en la que ni siquiera las grandes empresas, como McDonals, Zara… que están en todos los rincones del mundo, quieren invertir, la única capital de provincia que no tiene tren directo hacia Madrid. Una ciudad en la que la mayoría de la gente joven tiene que salir para conseguir sus metas, la provincia menos poblada cuyos pueblos están vacíos de personas que pisan sus calles y la gente que queda son aquellos que tienen en su vieja memoria la última vez que nació allí un niño.

Somos pocos habitantes, por lo tanto una ciudad olvidada por aquellos que están el poder porque somos pocos los que les votamos, aun así es una provincia llena de rincones maravillosos, llena de historia, de pueblos que guardan mil maravillas…sin duda, Teruel existe.



Ana Almazán Martín